
Junio ya está aquí.
Y con él llega una realidad imposible de ignorar.
Cinco meses del año ya pasaron.
Cinco meses.
Parece poco.
Parece mucho.
Depende del día en que lo pienses.
Porque hay mañanas en las que sentimos que enero fue ayer.
Y otras en las que pareciera que ocurrió en otra vida.

Quizás esta mañana también te miraste al espejo.
Como todos los días.
Un vistazo rápido.
Lo suficiente para empezar la jornada.
Pero hay una pregunta interesante.
Cuando te viste hoy…
¿Viste solamente tu reflejo?
¿O viste a la persona que haz construido estos últimos cinco meses?
La que cumplió algunas metas.
La que dejó otras pendientes.
La que resolvió problemas que no estaban en sus planes.
La que aprendió cosas que nadie le enseñó.
La que siguió adelante incluso cuando las cosas no salieron como esperaba.
Porque eso es lo curioso del tiempo.
Mientras estamos ocupados viviendo, no notamos todo lo que va cambiando.
Hasta que un día levantamos la vista.
Miramos el calendario.
Y descubrimos que ya estamos en junio.
Entonces llega el recordatorio.
No el que habla de objetivos.
No el que habla de productividad.
No el que habla de todo lo que falta.
El otro.
El importante.
Que todavía estás a tiempo.
A tiempo de empezar.
A tiempo de retomar.
A tiempo de cambiar de opinión.
A tiempo de animarte.
A tiempo de volver a ilusionarte con algo.
Porque cinco meses ya pasaron.
Pero todavía quedan siete por delante.
Y eso significa que la historia de este año todavía no está escrita.
La próxima vez que te mires al espejo, recuerda algo.
No estás viendo a la misma persona que comenzó enero.
Y tampoco estás viendo a la persona que serás en diciembre.
Todavía estás en construcción.
Todavía estás a tiempo.
Y quizás ese sea el recordatorio que muchas necesitábamos leer hoy.

